Arrojados al vacio.
Después de tanto tiempo trabajando se acercaban las vacaciones, las esperadas vacaciones. Es tremendo el esfuerzo diario de trabajar mes tras mes, día tras día. Pero las vacaciones se convierten en la libertad de la esclavitud diaria, de la monotonía. Ese año me fui de camping a los Pirineos, a ver la fauna y flora de esos parajes, los verdes y extensos valles, incluso estaba inscrito en una cacería de ciervos. Disfrutar de tanta tranquilidad, sin ruidos de máquinas que golpearan mis oídos. El único inconveniente era mi perro, un perro de caza que no sabía dónde dejar. Los de la protectora de animales no lo aceptaban y si lo dejaba allí me sancionaban, por lo cual tomé la de decisión de dejarlo en la huerta de Cox abandonado, allí con las gentes de la huerta no sé moriría de hambre, incluso alguien podría adoptarlo. Lo cierto es que me daba lástima dejarlo, pero si me quería ir de vacaciones lo debía hacer. Pobre perro, cuando lo dejé no llegaba a comprender lo q...